miércoles, 23 de octubre de 2013

El Sexo A Partir De Los 65 Años

Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), el 62 % de los hombres y el 37 % de las mujeres mayores de 65 años se declaran sexualmente activos. Parece por tanto necesario desterrar el mito de que el deseo y las prácticas sexuales desaparecen con la edad. Según explica el doctor Carlos Verdejo Bravo, geriatra y miembro de esta sociedad científica, “no podemos mantener que las personas mayores no tengan interés por la actividad sexual ni que sean sexualmente inactivos, sino que debemos considerar este aspecto personal de una forma totalmente individual. Tradicionalmente se ha considerado que de la mano del envejecimiento llega el cese de las relaciones sexuales, lo cual no es cierto”.
De hecho, según los datos aportados el año pasado por la Encuesta Nacional de Salud Sexual realizada a personas mayores de nuestro país (se encuestaron a 1939 personas mayores de 65 años –1.118 mujeres, 821 varones– con una edad media de 74 años), el 62,3 por ciento de los hombres y el 37,4 por ciento de las mujeres eran sexualmente activos (mantenían algún tipo de actividad sexual), encontrando que la inactividad sexual aumentaba con la edad (a partir de los 75 años). Una mala salud, padecer enfermedades crónicas, ingerir varios medicamentos y la falta de pareja fueron algunos de los factores citados para justificar la inactividad sexual.

Los Cambios En El Organismo

Tanto para el hombre como para la mujer, cumplir años supone una transformación física que afecta inevitablemente a nuestras relaciones sexuales. Sin embargo, hay que dejar claro que estos cambios físicos no afectan a todas las personas por igual ni son de la misma naturaleza en ambos sexos.
Los principales cambios fisiológicos que experimentan los hombres son:
  • Disminución del riego sanguíneo, que afecta a la erección.
  • Disminución de la testosterona, lo que retrasa la excitación y debilita la sensibilidad en los genitales.
  • Menor capacidad de respuesta (o más lenta) a los estímulos táctiles y visuales. Los preliminares deben así alargarse antes de llegar al coito.
  • Erecciones más cortas y menos frecuentes.
  • Eyaculaciones más rápidas y de menor cantidad.
  • Menor lubricación.
  • Menor intensidad de los orgasmos.
  • Reducción del tamaño de los testículos.
La mujer, por su parte, se enfrenta a los siguientes cambios físicos:
  • Reducción de los estrógenos con la menopausia, alterando la zona genital femenina.
  • Pérdida de elasticidad de la vagina.
  • Sequedad vaginal. Los preliminares deben prolongarse para aumentar la lubricación.
  • Menor sensibilidad de la zona genital.
  • Orgasmos más cortos y menos intensos.
  • Disminución del tamaño del útero y de los ovarios.

Vida Sexual Activa

Al llegar a la tercera edad no hay por qué renunciar al sexo, sino que se deben explorar distintas vías de placer, como la masturbación o las simples caricias, y no centrarse exclusivamente en el coito.
Una vida sexual activa ayuda además a mantener una buena forma física y anímica, mejorando la vitalidad y longevidad de las personas mayores. David Weeks, psicólogo de la Sociedad Psicológica Británica, enfatiza la importancia de una buena sexualidad para preservar la juventud. Para el experto, la clave para parecer más joven es mantenerse activo y lograr una sexualidad satisfactoria. Weeks explica que "la calidad de la expresión sexual es fundamental para mantener una buena salud y bienestar general en todas las edades". El psicólogo citó un estudio que muestra que el riesgo de morir es 50% menor en los hombres con una alta tasa de orgasmos, es decir que experimentan al menos dos por semana. Weeks asegura que la sexualidad hace que las personas sean más felices, aumenta la expectativa de vida, genera la liberación de endorfinas que actúan como analgésicos naturales, disminuye el nivel de colesterol y hace que la piel se vea más brillante.
En cualquier caso y ante posibles dudas sobre la condición física particular, la persona debe acudir a su geriatra para que valore su capacidad pulmonar y cardiovascular. Las enfermedades más comunes que pueden afectar a la sexualidad son las relacionadas con el aparato circulatorio, como la hipertensión, la diabetes, la angina de pecho, el infarto de miocardio, la hipercolesterolemia, la trombosis y la arteriosclerosis, etc. También algunos fármacos pueden tener consecuencias negativas por sus efectos secundarios relacionados con la alteración de la libido, las condiciones de vasodilatación y el flujo sanguíneo.

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